
Muchos niños solo esquían una vez al año, durante las vacaciones de esquí, y aún no conocen bien las características de las pistas. Por eso, conviene dedicar unos minutos antes de las vacaciones a hablar con ellos (y con ustedes mismos, como padres) sobre las normas básicas para esquiar con seguridad sin renunciar a la diversión.
Existen algunas pautas generales para los distintos deportes de invierno:
Estas cifras son orientativas, no reglas fijas. Cada niño tiene su propio ritmo, y son los padres quienes deben determinar si está preparado: la fuerza en las piernas no es suficiente; también necesitan la capacidad de prestar atención a su posición en la pista y a quienes les rodean.
Las clases grupales con un instructor cualificado siguen siendo la mejor opción. Los padres pueden acompañar, animar o llevar los guantes que hayan dejado en el coche, pero no deben sustituir al instructor: lo mejor es preguntarle directamente al instructor qué pistas son las más adecuadas para su hijo, según su nivel actual.
En los primeros años, el instructor no solo corrige la postura al esquiar. También enseña a respetar las normas no escritas de las pistas: ceder el paso, controlar la velocidad en tramos concurridos y reconocer cuándo una pendiente es demasiado difícil.
Un desayuno con un poco más de azúcar de lo habitual ayuda a los niños a afrontar la mañana con energía. Y cinco minutos de estiramientos antes de ponerse los esquís reducen el riesgo de contracturas o molestias articulares leves durante el día.