
Con la llegada de la primavera, el polen regresa puntualmente, trayendo consigo los síntomas de alergia que cada año representan un desafío para padres y pediatras. Los datos de la Sociedad Italiana de Pediatría Preventiva y Social (SIPPS) son claros: uno de cada cinco niños reacciona al polen con síntomas que, a primera vista, parecen un simple resfriado.
Los síntomas más comunes son los que cualquier padre o madre reconoce: lagrimeo constante, estornudos frecuentes y congestión o secreción nasal. A menudo se suma la conjuntivitis alérgica, que provoca enrojecimiento e irritación ocular.
En los casos más graves, la afección puede provocar dificultades respiratorias serias, como asma, o reacciones cutáneas como eccema y urticaria.
Aunque los síntomas parezcan leves, conviene que los evalúe su pediatra: solo un diagnóstico preciso puede determinar si es necesario un antihistamínico, un corticosteroide tópico (gotas para los ojos o aerosol nasal) o, en casos más persistentes, una inmunoterapia con una vacuna antialérgica.
No se puede eliminar el polen del aire, pero algunos hábitos pueden reducir significativamente las molestias:
Si los síntomas persisten o empeoran, el consejo sigue siendo el mismo: consulte con su pediatra para obtener un diagnóstico correcto y un tratamiento personalizado.