
Para los niños, el verano es, sencillamente, la mejor estación. Y se vuelve aún mejor cuando los padres y abuelos organizan actividades para hacer con ellos: en la montaña, en la playa, en el jardín… da igual dónde. Lo que de verdad importa es el tiempo que pasan juntos, dando rienda suelta a su imaginación y a su deseo de descubrir cosas nuevas.
Si te vas de vacaciones, intenta crear una caja de recuerdos con tus hijos: cualquier caja decorada a mano servirá, y puedes llenarla con conchas, piedrecitas, flores secas y un poco de arena. Dentro de unos años, cuando la saquen del armario, te reirás al recordar esos días.
Los polos caseros siempre son un éxito: solo necesitas fruta fresca de temporada, un molde y un poco de paciencia. A los niños les encanta la idea de prepararlos con mamá o papá, incluso antes de probarlos.
Si tienes jardín o parque, una búsqueda del tesoro es un clásico que nunca falla: unos cuantos acertijos, dos o tres etapas y un premio bien escondido al final. Lo mismo ocurre con las cometas, y en la playa, es el doble de divertido si la han hecho ellos mismos.
Un paseo por la naturaleza, ya sea por el bosque o el campo, es también una oportunidad para descubrir plantas y animales y conversar con ellos, sin caer en disquisiciones filosóficas, sobre cómo respetar el medio ambiente en el que vivimos. Para refrescarse en los días calurosos, las pistolas de agua, los globos de agua o un chapuzón en la piscina son una excelente opción, y un picnic en el césped casi siempre se agradece más que una comida en la mesa: a los niños les encanta comer con las manos, sentados en el suelo.
Quienes busquen algo más emocionante pueden considerar un día en el parque acuático, con toboganes y piscinas, o, si el cumpleaños cae en verano, una fiesta al aire libre con amigos: música, juegos y un poco de caos están garantizados.
No hace falta inventar nada más. Simplemente aprovecha los días largos y soleados para pasar tiempo con tus hijos, dejándoles experimentar y ensuciarse un poco más de lo habitual.